miércoles, mayo 20, 2026
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Generar escuelas seguras: La apuesta para mitigar los efectos de la guerra en la niñez colombiana

En medio del conflicto armado que ha atravesado Colombia en las últimas décadas, y el fuerte impacto que este ha generado en múltiples zonas del país, son las poblaciones infantiles y adolescentes algunas de las que más se han visto afectadas, lo que ha hecho evidente la necesidad de emprender acciones, desde las organizaciones humanitarias, para mitigar los riesgos que se presentan en entornos escolares e instituciones educativas, procurando que estos se conviertan en lugares seguros para las comunidades.

De acuerdo con el Servicio Jesuita para los Refugiados, “entre enero de 2022 y enero de 2024, cerca de 50.000 personas, entre estudiantes docentes y personal educativo se vieron afectados en Colombia por ataques violentos contra instituciones y entornos educativos”, teniendo como principales víctimas a miembros de comunidades étnicas asentadas en el sur oriente y el occidente del país.

En respuesta a ello, en junio de 2024, surgió el consorcio “Creer: Comunidades resilientes, escuelas resilientes”, conformado por las organizaciones internacionales Entreculturas, Alianza por la solidaridad, y Save the Children, que, de la mano de organizaciones locales como el Servicio Jesuita para Refugiados, ACOP, APOYAR y ACONC,  y gracias a la financiación de la Unión Europea, logró desplegar acciones en 4 de los departamentos más afectados por la violencia en nuestro país: Cauca, Nariño, Arauca y Valle del Cauca.

Esta iniciativa, en sus dos años de actividades, ha impactado a cerca de 184.000 personas, a través de programas encaminados a fortalecer las capacidades de las comunidades étnicas, autoridades locales e instituciones educativas, en materia de alerta temprana, acción anticipatoria, preparación para desastres, educación en emergencias y respuesta de protección; entendiendo que el saber actuar frente a las emergencias, tener protocolos de reacción y mitigación, contribuye a minimizar las afectaciones sobre la población infantil.

 “Tener escuelas seguras es muy importante para mí y mis compañeros porque estar tranquilos nos permite aprender y tener mejores clases”, asegura Camilo, un estudiante de séptimo grado de la Institución educativa Imbilí Carrera en Tumaco, Nariño, quien advierte que “aquí no existían esas cosas (…) hemos aprendido cómo actuar ante las diferentes emergencias”.

Dentro de las acciones desarrolladas por el proyecto en municipios como Arauquita y Saravena (en Arauca), Tumaco (en Nariño), Buenos Aires, Corinto, Caloto, Suarez y Santander de Quilichao (en Cauca), se destacan escenarios encaminadas a consolidar a los entornos escolares como “entornos protectores resilientes”, lo que incluye también estrategias de prevención de violencias basadas en género, que incluyeron pedagogías, entregas de kits de salud mental y menstrual, y creación de rutas de atención y acompañamiento oportuno.

De igual modo, el acompañamiento desplegado por Creer en las regiones priorizadas también ha incluido jornadas de señalización y capacitación a los diferentes integrantes de las comunidades educativas, que busca lograr una mejor reacción ante escenarios de riesgo de distintitas índoles, a través del establecimiento de canales de trabajo cooperativo con autoridades de respuesta a desastres, y la realización de simulacros.

Más de 924 actores y 674 líderes territoriales fueron formados en respuesta a emergencias y gestión del riesgo, en medio de estrategias que las organizaciones y comunidades esperan puedan convertirse a futuro en modelos institucionalizados que trasciendan en el tiempo y tengan efectos positivos en favor de la protección de la niñez.

Cuidando a los cuidadores

En el accionar del consorcio, también se han destacado los escenarios centrados en el acompañamiento y capacitación de los docentes como cuidadores, reconociendo el rol fundamental que estos juegan en los entornos de formación, destacando que estos también mejoren en sus escenarios de autocuidado, bienestar y salud mental.

“Cuidar de cuidadores es una estrategia en la que nos invitaron a nosotros como docentes, que tenemos que interactuar con distintas situaciones, también tengamos cuidado con nosotros mismos”, destaca Luz Mary Rivera, docente beneficiaria del programa.

En ese mismo sentido, el docente Andrés Arboleda, en Buenaventura, Valle del Cauca, aplaudió la iniciativa, afirmando que “como docentes ponemos nuestros conocimientos al servicio de chicos que están formándose en territorios muy complejos, y herramientas que nos brindan este tipo de programas nos ayudan a llenarnos de esperanza y motivar a nuestras comunidades sobre un buen futuro que seguir”.

Se estima que, tras la intervención de proyecto en los territorios priorizados, el 87 % de docentes mejoraron o ampliaron sus conocimientos, actitudes y prácticas en protección de la infancia, adquiriendo a su vez capacitaciones que les permiten fortalecer los protocoles de reacción ante emergencias, y sus conocimientos en primeros auxilios.

Dentro del programa, también se desarrollaron escenarios con estudiantes de los grados superiores, enfocados en prevención de violencia en las aulas con la actividad “Semillas del cuidado- Ruta pedagógica para el bienestar en la escuela”, al igual que en la conformación de “comités de escuelas seguras”, y se entregaron cerca de 2050 kits escolares y 659 apoyos basados en efectivo, con los que se buscó atacar la deserción, como efecto de la problemática de los entornos violentos.

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