miércoles, febrero 4, 2026
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Julio Ferro: El arte del silencio y la transformación cultural desde Teusaquillo

Con 57 años de trayectoria, Julio Ferro es más que un actor y director: es un referente del teatro gestual en Colombia y un arquitecto del cambio social a través del arte en la ciudad. Nacido en el emblemático barrio La Perseverancia en Bogotá, encontró en el teatro un vehículo para expresar su sensibilidad social y explorar el poder del silencio como lenguaje universal.

Su historia no es solo la de un artista: es la de una ciudad entera, Bogotá, que lo vio nacer en el barrio La Perseverancia y que hoy lo acompaña desde Teusaquillo, donde La Sala continúa siendo un epicentro de resistencia y creación. Encontrando además en el sector más de veinte salas independientes de teatro, además de sedes de colectivos teatrales, talleres, academias y un sinfín de espacios dedicados a las artes escénicas. Estos lugares han forjado una comunidad que respira cultura, donde el teatro no solo se disfruta, sino que se vive y se crea, atrayendo a personas de todas partes para ser parte de este vibrante ecosistema cultural.

A finales de los años sesenta y principios de los setenta, Ferro encontró en las calles empinadas de La Perseverancia un escenario ideal para probar lo que luego sería su lenguaje: el teatro gestual, donde el cuerpo sustituye la palabra y el silencio tiene el peso de un grito. Allí, rodeado de vecinos, trabajadores y de una juventud con ansias de expresión, montó sus primeras obras, muchas veces en espacios improvisados, otras en parques o plazas donde el público se confundía con la obra misma.

La Perseverancia, lo reconoció no solo como actor sino como un vecino que construía comunidad, un barrio históricamente asociado a luchas sociales, el teatro de Ferro fue resistencia cultural frente a la marginalidad.

Ha tenido una carrera, marcada por una profunda conexión con la crítica social y la educación, esta lo llevó a fundar la Librería El Mimo, un espacio cultural que revolucionó el pensamiento crítico en la capital. Ferro ahora lleva su experiencia a Teusaquillo, una localidad de tradición académica y cultural. Hoy dirige La Sala, Fábrica de Hechos Culturales, un espacio en el Parkway dedicado a la creación, el intercambio artístico y el perfeccionamiento de nuevas generaciones de artistas de todas los rincones de la ciudad que ven en el un maestro formador de narrativas y de sueños.

En La Sala, no solo se presentan obras: también se dictan talleres, se realizan ensayos abiertos, se crean colectivos y se fortalecen procesos comunitarios. Es un lugar que confirma que el teatro independiente sigue siendo esencial para Bogotá, aun en tiempos en que lo digital parece dominar la cultura.

Estas actividades documentan las historias, esfuerzos y visiones de quienes impulsan los espacios teatrales independientes en la comunidad, iniciativas culturales que apoyan procesos comunitarios inclusivos para jóvenes con discapacidad cognitiva y adultos mayores que asisten a los espacios del barrio La Soledad desde diversas localidades y que permiten fortalecer a estos lugares dentro de la  cultura local.

El trabajo de Julio Ferro dialoga con un ecosistema más amplio, recordemos que Bogotá no sería la misma sin su red de salas, festivales y compañías independientes. Según la Secretaría de Cultura, en la ciudad se presentan cada año cerca de 9.000 obras en unas 40 salas regulares que juntas suman más de 6.500 butacas. Más de tres millones de personas asisten anualmente a eventos de artes escénicas, consolidando a la capital como el principal escenario teatral del país.

El componente económico también es revelador: Bogotá concentra más del 50 % de la economía cultural y creativa del país, con más de 245.000 empleos en lo que va del 2024 y un crecimiento del 15,5 % respecto a 2023. En este contexto, el teatro independiente no solo es cultura: también es motor económico, laboral y ciudadano.

Para Julio, el arte es esencial en la educación, una herramienta para inspirar a los jóvenes a comprender el mundo y ser agentes de cambio. “El arte debe contribuir a transformar las cosas,” señala el maestro, quien ve en la pantomima y el teatro gestual una forma de empoderar y dar voz a quienes más lo necesitan.

Sin embargo, los desafíos no faltan. A pesar de su ubicación central en Teusaquillo, La Sala enfrenta dificultades para atraer público tras la pandemia y sortear la falta de apoyo estatal. Consciente de estos retos, Julio llama a la preservación del patrimonio cultural de la localidad y al impulso de políticas que valoren el arte como motor de desarrollo.

“La vida para mí ha sido mágica, y el teatro es el corazón de esa magia,” reflexiona. A sus 70 años, Ferro no solo sigue activo en las tablas, sino que también dedica su tiempo a formar nuevas generaciones y a soñar con un país donde el arte sea el pilar de una sociedad más equitativa.

En 2025, Julio aspira a consolidar La Sala como un epicentro de innovación y lúdica, donde grupos emergentes y jóvenes artistas puedan crear, aprender y compartir. Su historia es un recordatorio de que el arte no solo transforma vidas, sino que teje los hilos que sostienen el alma de una comunidad.

Julio Ferro es un pionero del teatro gestual en Colombia, con una trayectoria de 57 años ha llevado su arte a diversos escenarios en el país y el mundo. Julio encontró en el teatro un vehículo para expresar con este arte su sensibilidad social.

Julio además en La Sala, fábrica de hechos culturales, ha apalancado desde su espacio proyectos que permiten vivir experiencias culturales, espacio de creación, intercambio y perfeccionamiento artístico, asi encontramos Cantapalabra, dirigido por Juliana Herrera y conformado como un grupo de teatro con jóvenes y adultos con discapacidad intelectual y síndrome de Down, donde a partir de sus habilidades artísticas buscan el fortalecimiento de sus capacidades sociales.

Alli participantes de diferentes localidades del norte, especialmente de Suba y Usaquén, del sur Kennedy y Soacha se reunen en la Sala para seguir sus procesos formativos, presentar sus obras y desarrollar sus actividades con espacios de participación y tejiendo redes de interés y de inclusión para todos.

Con su arte sigue muy activo en las tablas y en la educación, realizando talleres para inspirar a nuevas generaciones y contribuir a la construcción de una sociedad más inclusiva.

Martha Lenis Viarteria: Julio cuéntenos, ¿cómo comenzó en este camino del teatro y la pantomima?

Julio Ferro: Empecé por casualidad, realmente. Recuerdo que fue en el Parque Nacional donde descubrí el teatro, era un espacio vibrante en el que, además de jugar, vi a Pinocho y disfruté de espectáculos de títeres y teatro infantil. Curiosamente, me acerqué al teatro por una broma de un títere, y terminé uniéndome a una compañía de teatro infantil y de esa manera el teatro se volvió mi vida.

Martha Lenis Viarteria: Ha mencionado cómo la Perseverancia, su barrio, fue clave en su desarrollo artístico y personal. ¿Qué le enseñó crecer allí?

Julio Ferro: La Perseverancia me formó. Era un barrio lleno de vida, de luchas, de historias; crecí rodeado de personajes que luego influirían mi arte, mis ideales y el valor de la dignidad. La Perseverancia me dio las herramientas para expresar con mi cuerpo lo que no podía decir con palabras.

Martha Lenis Viarteria: ¿Cómo se refleja el arte que desarrolla en su vida?

Julio Ferro: Yo desarrollo teatro gestual y así puedo ir más allá del espectáculo, usar el cuerpo y el silencio para hacer crítica social. Con la pantomima y el teatro gestual, encuentro la libertad de abordar diferentes temas para despertar conciencia; el arte, en mi opinión, debe contribuir a cambiar las cosas.

Martha Lenis Viarteria: ¿Tiene una gran admiración por el país, como la ha enfocado en su trabajo?

Julio Ferro: Colombia es un país hermoso y rico en biodiversidad, en alimentos, y yo quiero seguir aportando desde el arte. Cuando fundé la Librería El Mimo, quería tener un espacio que no solo fue una librería sino un lugar de encuentro cultural.

Martha Lenis Viarteria: ¿Qué rol tiene el arte en la formación de los jóvenes?

Julio Ferro: El arte es esencial en la educación. A través de programas y talleres he visto el impacto del teatro en los jóvenes. Les da herramientas para expresarse, para comprender el mundo, para ser ciudadanos críticos. Enseñarles a crear es una forma de darles voz y hacerlos conscientes de su poder. Así ayudamos a construir una sociedad más justa, donde todos puedan encontrar su lugar.

Martha Lenis Viarteria: ¿Qué es la Sala?

Julio Ferro: La Sala es un sueño, una utopía que se cumple.   Es un espacio donde podemos ayudar a grupos nuevos para que tengan trabajo y nosotros seguir con el nuestro de construir poética con nuestro cuerpo y el arte. Es un espacio bellísimo para crear, pero necesitamos más garantías para podernos mover, llevamos 7 años.

Es un espacio que permite una reflexión.

Martha Lenis Viarteria: ¿Cuál es el mayor reto que tiene la Sala actualmente?

Julio Ferro:  Después de la pandemia estamos en un proceso de reconstrucción para tener una organización más sólida.  Pero nos hace faltael público, estamos mirando estrategias que nos permitan divulgación, pues no sé qué ha pasado, pero a nivel nacional los comentarios son “el público, el público.”

Con los recortes para el arte y la cultura no hay auxilios que nos apoyen, pero toca esperar como evoluciona el tema.  La falta de desarrollo artístico y cultural en Colombia debe valorarse y toca impulsarlo más con el apoyo de la empresa privada y el Estado y así contribuir con las políticas culturales.

Antes venia gente de la localidad y quedaba asombrada. Teusaquillo es una localidad privilegiada, me encanta, la recorro desde niño. La arquitectura me parece hermosa y ahora con todos los grupos artísticos me parece que es una localidad que tiene cosas maravillosas, pero hay mucha población flotante.

La localidad se está llenando de hostales, porque desafortunadamente hay una pobreza oculta, de la gran cantidad de personas adultas que ya no les alcanza para cubrir temas como el predial.

Pero la localidad esta llamada para ser centro cultural, arquitectónicas y de pensamiento a partir del arte y la cultura y no se acabe con el patrimonio histórico que tiene la localidad.

Martha Lenis Viarteria: ¿Qué sueños le quedan por cumplir en su trayectoria y en la Sala?

Julio Ferro: Aún tengo mucho que contar y hacer. Sueño con un país en el que todos podamos convivir y dialogar, donde el arte tenga un rol fundamental en la construcción de una sociedad más equitativa. Como hijo del barrio La Perseverancia, perseveraré en mi compromiso de crear y resistir. El arte es un camino largo, y aunque ya llevo más de 50 años, aún me queda mucho por recorrer.

He sido una persona inquieta en el desarrollo social y cultural de mi país y mi ciudad. Toca crear un tejido cultural alrededor del arte y la cultura. Como humanista quiero generar procesos de pensamiento, hago parte de un nodo artístico donde propusimos que el arte debe estar en las escuelas públicas como un área con respeto, generando nuevos diálogos para enriquecer la sociedad.

Con esta crónica y más allá de las cifras, Viarteria quiere resaltar la contribución de Ferro desde lo intangible y mas bien dentro el vínculo y cambio cultural que se refleja en los cientos de jóvenes de Bogotá formados en sus talleres, en las comunidades que encontraron en el teatro un espacio de cohesión, en los espectadores que comprendieron que la cultura es un derecho y no un lujo.

Cada obra montada en La Perseverancia o en Teusaquillo ha sido un acto de memoria. Cada función improvisada en una plaza ha sido una manera de decir que el arte también pertenece a los barrios, a quienes rara vez pisan un teatro formal. En su lenguaje gestual, en su disciplina pedagógica y en su constancia inquebrantable, Ferro ha construido ciudadanía en la ciudad tanto como ha construido arte.

A más de cincuenta años de trayectoria, Ferro encarna la persistencia de un oficio que se niega a desaparecer. Su teatro, profundamente bogotano, es también profundamente humano: una forma de resistencia, un acto de comunidad, una apuesta por un futuro donde la cultura no sea un accesorio, sino la raíz de la vida social.

Julio Ferro no es únicamente un hombre de teatro, es la representación de una ciudad que, pese a sus contradicciones, ha sabido encontrar en la cultura un espejo y un motor de cambio. De esta manera Bogotá, con sus barrios populares y sus salas independientes, con sus políticas culturales y sus comunidades artísticas, se reconoce en su historia. Y en ese reconocimiento, queda claro que el arte, cuando nace desde el barrio, desde lo comunitario y se proyecta hacia la ciudad, no solo se aplaude: se vive, se hereda y se convierte en memoria colectiva de un arte que sigue trascendiendo y forjando nuevas historias y sueños en la ciudad.

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